Australia en 21 días! Por fin llegaba el día, esta vez nada podría impedírnoslo. Mochilas a la espalda, bebé en carro y billetes en mano. Empezamos nuestra aventura por Sydney, la ciudad más grande y poblada de Australia y Oceanía.

AUSTRALIA DESDE LAS NUBES

AUSTRALIA DESDE LAS ALTURAS

Cuando reservamos un vuelo, hotel… y organizamos un viaje, lo normal es que no haya nada que nos impida realizarlo y disfrutar como nos merecemos; pero en ocasiones, las adversidades se plantan en nuestra puerta, y alguna vez hemos tenido que cancelar un viaje entero, es una p_ _ _ _ a… pero es algo que se nos escapa de las manos. Gracias a seguros como Iati, tenemos la tranquilidad de que no perderemos toda la reserva por algún imprevisto y viajamos siempre cubiertos, con uno de sus seguros de viajes + anulación. PODÉIS ECHAR UN VISTAZO DE TODOS LOS PAQUETES DISPONIBLES, COBERTURA Y PRECIOS AQUÍ:

 

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"LOVELYMIEDOS"

Para los que tengáis el mismo problema, miedo a volar,  deciros que antes de subir a un avión debéis de recabar toda la información  posible que hará que vuestros miedos insuperables se conviertan en pequeños miedos; ya que os daréis cuenta de que el medio más seguro y con diferencia, es el avión. ¿a qué estáis hartos de viajar sin parar en coche? ¿a qué usáis moto o coche casi todos los días?… pues la media de muertes en vehículos es alucinante…y no por eso dejaréis de ir a vuestro trabajo o moveros en ellos, así que tampoco dejéis de cumplir vuestros sueños por un avión. 🙂 (qué bien me ha quedado…) Bueno, he encontrado una página que me gusta leer antes de viajar, quizás os ayude a vosotros. La ignorancia produce miedo, y el desconocimiento, así que os invito a que la leáis y podréis hacer un curso gratuito online http://volandosinmiedo.com

 

 

DÍA 1 (23/02/2016)

Aeropuerto Adolfo Suarez, 14:25horas, vuelo EK142, destino Sydney con escala en Dubai de 1h y 20’.

Una vez más, elegimos a la compañía por excelencia de los Emiratos Árabes Unidos, Emirates. No era un avión nuevo, pero sí que nos han ofrecido un buen servicio y comodidad en este trayecto tan largo. Como sabréis, no es una compañía barata, de hecho en las mismas fechas podríamos haber volado a mitad de precio con compañías como China Southern, pero esta vez era diferente, viajábamos con nuestra pequeña brujita, y sabíamos que Emirates nos ofrecía cuna para el viaje, y eso nos interesaba, ya que eran aproximadamente 25 horas de vuelo.

Llegamos al Aeropuerto de Sydney sobre las 22:30h. Un vuelo tranquilo, perfecto, pasando por zonas de turbulencias pero a penas sin darnos cuenta.

Tras la recogida de maletas, pasamos el control, y como habíamos declarado todo, nos preguntaron si llevábamos comida, si llevábamos algún tipo de carne o fruta, le contestamos que simplemente llevábamos la comida de la niña, leche en polvo, y desmintiendo el mito de que te miran hasta en los calcetines, jaja, nos dejaron pasar, fiándose de nuestra palabra.

La verdad que no se nos ocurriría meter nada prohibido, ya que la cura puede ser peor que la enfermedad, por eso el mejor consejo es declarar todo, menos drogas, armas…obviamente…

El carro de la niña, no salía, y tras esperar 15 o 20 minutos, una azafata de la compañía, nos indicó que salía por otra puerta, junto a la mercancía delicada.

Ya estábamos al completo, no nos lo podíamos creer, respirábamos aire autraliano.

Era tarde, y el aeropuerto de Sydney curiosamente cerraba por las noches, y los últimos autobuses no nos había dado tiempo a cogerlos, así que tras el largo viaje, lo único que teníamos era ganas de llegar al hotel.

OPERA HOUSE Y PUENTE DE SYDNEY EN BLANCO Y NEGRO DESDE EL MIRADOR

OPERA HOUSE Y PUENTE DE SYDNEY DESDE EL MIRADOR

Decidimos coger un taxi, por un coste de 77 dólares, que nos dejó en aproximadamente 45 minutos en la puerta del “Big Hostel”, situado en 212 Elizabeth Street, Surry Hills, Centro financiero de Sídney. Es un hostel, típico de mochileros, con una relación calidad-precio muy buena para ser en Australia donde los alojamientos se suben por las nubes. Constaba de un salón con cocina común, la verdad que no estaba muy bien cuidado, no daba aspecto de limpio, quizás porque los utensilios estaban viejos o muy usados, pero realmente limpiaban cada día. Las habitaciones eran compartidas, con varias literas por lo general, pero nosotros al viajar con la brujita reservamos una habitación individual con baño privado.

Se alojaba todo tipo de gente, de todas las edades, en pareja, en solitario, lo que nos llamó mucho la atención.

 

DÍA 2 (24/02/2016)

 Debido al jet lag, nos despertamos muy tempranito, nos arreglamos y bajamos a la zona común del hotel, así vimos un poco el funcionamiento del hotel.

El desayuno, entraba en el precio, y constaba de tostadas, mermeladas, mantequilla y leche, que podías encontrarlo en la misma cocina, de manera comunitaria, pero de esto nos enteramos más tarde, y por si acaso le robábamos la tostada a alguien, decidimos irnos a desayunar fuera.

Salimos del hotel, con muy buen tiempo, dando un paseo llegamos enseguida al barrio de China Town, pasando por varias zonas verdes, y las calles muy transitadas, se veía ambiente, nos gustó.

China Town, abría sus comercios sobre las 9 de la mañana, pero aprovechamos para mirar el tipo de cambio en algunas de las casas que se encontraban en esa zona.

Entramos a desayunar en una cafetería rollo Starbucks, llamado “Gloria Jean´s” pedimos dos cafés con leche grandes, un croissant relleno de queso y jamón, y dos muffins, y pagamos aproximadamente 15 dólares.

Tras desayunar, cambiamos en una de las oficinas de China Town que habíamos visto antes, ya que en varios foros habíamos leído que era la mejor zona para cambiar, ni se os ocurra cambiar en España o en el aeropuerto.

Otra zona que pudimos conocer, es la del barrio Rojo, en la que pronto os daréis cuenta por sus banderas de colorines, escaleras iluminadas que cambiaban de color continuamente y locales muy característicos de esta zona. La verdad que es un barrio que me gustó, con mucha zona comercial, tiendas de ropa, cafeterías…

BARRIO ROJO DE SYDNEY, BANDERAS Y ESCALERAS DE COLORES DE LA BANDERA HOMOSEXUAL

BARRIO ROJO DE SYDNEY

Seguimos camino, pasando por el Hyde Park, con su memorial sobre la guerra, el Anzac Memorial, vimos la Torre de Sydney, y finalmente, llegamos al Ópera House. Es un edificio que realmente impresiona, es mucho más grande de lo que me esperaba, estaba lleno de turistas con sus cámaras de fotos, hacía muchísima calor, por lo que decidimos tomarnos unas cervezas, coronas exactamente, en el Ópera Bar, que se encontraba en la parte baja, llegando por el paseo a orillas de la bahía. Cada Corona nos costó 10 dólares, está claro que no era la cerveza, sino el lugar. Me gustó mucho, muy buen ambiente, mucho movimiento, apetecía quedarse allí a tomar algo aunque su precio fuese excesivo.

OPERA HOUSE REFLEJADA EN EL CRISTAL DE UNAS GAFAS RYBAN

EL REFLEJO DEL ÓPERA HOUSE EN MIS GAFAS

Ya que nos encontrábamos aquí, decidimos caminar y visitar otro de los barrios típicos, considerado el más antiguo de Sydney, The Rocks. Se encuentra situado entre la Ópera y el Puente. Podéis observar numerosas callejuelas, galerías de arte, locales de música en directo, restaurantes, la verdad que es un barrio muy bohemio, que no está mal para quedarse a comer o cenar.

Normalmente, en Sydney se come sobre las 13:00h, y ya eran las 15:00h, por lo que decidimos retroceder por la Avenida que habíamos venido, la Avenida Mcquaire, una larga calle con varios establecimientos para comer, con terrazas en sus aceras, y escaparates llenos de bocadillos gigantes. Cada bocadillo costaba alrededor de 8 dólares, la verdad que era bastante completo, con lomo, lechuga, tomate, queso… y como ya estaban cerrando, decidimos pararnos en un banco del Hyde Park, y comérnoslo allí tranquilos. De vuelta al hotel, estábamos cansados, por lo que era hora de una pequeña siesta antes de volver a la calle, y buscar un centro comercial próximo al hotel, a la entrada de China Town, dónde había un supermercado estilo Carrefour, pero de chinos, jeje. De vuelta al hotel, ya de noche, y con un poco más de fresquito, pudimos observar que las calles estaban llenas de gente, había bares con música en directo, puestos de comida, y uno de ellos nos compramos 3 porciones de pizza bastante grandes por 10 dólares; no eran las mejores pizzas que he probado, pero nos hicieron un apaño.

Llegamos al hotel, y a descansar que mañana sería otro día…

 

DÍA 3 (25/02/2016)

 Nos despertamos tempranito, y bajamos a desayunar al hotel, ya que habíamos comprado el día anterior zumos, nutella… y es esto último, lo que veo que está untando un chico en sus tostadas…jaja, yo me quedé cortada, pero no le dije nada porque seguramente se había pensado que formaba parte del desayuno comunitario.

Ya desayunados, salimos del hotel en dirección contraria al día anterior. Hacía calor, aproximadamente 38º, así que por la sombra, en 25 minutos llegamos al Sea Life Sydney Aquarium, situado en el puerto de Harbour.

ENTRADAS SEALIFE SIDNEY

ENTRADAS PARA EL SEALIFE Y EL WILDLIFE DE SYDNEY

Compramos las entradas para el Aquarium y para el Wildlife, que era un pequeño zoo, y nos costaron 60$ por persona. Primero entramos al aquarium, la verdad que nos gustó, está bien para pasar un día tranquilo, y cuando salimos, en vez de acceder al zoo, decidimos comer algo en el bar que se encuentra a la misma salida del aquarium, un tentempié, patatas y cocacola, para matar el gusanillo.

También era la hora de comer para la brujita, así que aprovechamos la parada. Una vez terminamos, cogemos nuestros bártulos, y nos dirigimos a la entrada del zoo… es en ese momento cuando me doy cuenta de que me faltan las entradas, OH MY GOD! Rápidamente volvemos a la mesa, y tras buscar un rato por los alrededores, vemos que una de las entradas se encuentra tirada en el suelo, pero la otra, jamás la encontramos…vaya, qué rabia!

Para nuestra sorpresa, nos dirigimos a ventanilla, y como bien pudimos le explicamos lo que nos había pasado, pensando que seguramente les diese igual nuestro súper problema y la solución fuese comprar otro ticket, pero no, muy amablemente la empleada nos acompañó a la entrada, y nos dejó otro ticket, es de agradecer, nos trataron con mucha amabilidad.

Pasamos una buena mañana, vimos varios animalitos y a la salida, paseando por el puerto, vimos un bar con muy buena pinta, una terraza enorme al aire libre, y que servían comida rápida, tipo hamburguesas, menús con pizzas…su nombre era PONTOON BAR BBQ NIGHTCLUB.

Pedimos dos pedazo de hamburguesas American Cheese Burguer con patatas, una cocacola y una Corona, pagamos aproximadamente 30$. Bueno otra de nuestras anécdotas del viaje sucedió exactamente aquí. Mientras esperábamos por la comida, paseaba a mi brujita para que se quedase dormida, en ese momento la camarera puso encima de nuestra mesa nuestras tan apetitosas hamburguesas. En segundos, visto y no visto, ni tiempo me dio de acercarme, una gaviota asesina se acercó y junto a ella numerosos pajarillos, que se llevaron mi hamburguesa en un abrir y cerrar de ojos, y a ver quien asoma la mano por ahí con ese pedazo de pico de loro que tenía…madre mía! Con el hambre que tenía! Enseguida vino la camarera a espantar como pudo a los pajarracos, y limpiar todo lo que habían dejado por el suelo…que eran restos claro…se lo habían zampado todo! Para mi sorpresa, la camarera nos pidió perdón, y enseguida fue a pedirme de nuevo otro menú, lo que también me pareció de agradecer.

Salimos caminando, en dirección al Jardín Botánico, que quedaba aproximadamente a media hora andando. Me gustó mucho, era enorme, no vimos ni la cuarta parte, pero era un lugar que me dio mucha paz, miles de plantas, flores, árboles… gente leyendo sentada en los bancos, sin ruido, sin gritos, sin coches… es un lugar para pasar una tarde entera reflexionando.

A la salida, seguimos la calle, Av. Mcquaire, hasta llegar nuevamente a la Ópera, para seguir con nuestro reportaje de fotos, aunque la verdad, que el calor se hacía insoportable, así que no estuvimos demasiado tiempo, sobretodo por la niña, así que regresamos al hotel dando un paseo tranquilo y descubriendo otras calles y zonas de la ciudad. Fue un día largo, caminamos mucho, así que pronto nos dormimos, el descanso es fundamental en viajes como estos.

 

DÍA 4 (26/02/2016)

Eran las 6:00 de la mañana, nos levantamos como una rosa, desayunamos, y a las 7:30h nos recogían en un hotel cercano, a escasos 5 minutos caminando, llamado hotel Vibe. Habíamos contratado la excursión de Tres Hermanas y las Montañas Azules con la empresa FJ Tours, nos recogieron puntuales, en una pick up, un chofer/guía muy simpático, con un sombrero de cowboy, la verdad que este día es para recordar, ya veréis.

ACARICIANDO A UN CANGURO PEQUEÑO EN EL FEATHERDALE WILDLIFE PARK DE SYDNEY, AUSTRALIA

UN PEQUEÑO CANGURO

La excursión nos costaba 300$ a los dos. Empezamos con una parada en una zona con un mirador desde el que se podían sacar fotos increíbles con la Ópera de fondo y el Puente a la misma vez.

La siguiente parada, fue en el Featherdale WildLife Habitat, sobre las 8 de la mañana. Era un zoo, donde podíamos ver muchos de los animales típicos de Australia, como canguros, wallabys, koalas, serpientes, cocodrilos, aves… Teníamos una hora a nuestro aire para visitar el parque. Éramos los únicos que hablábamos castellano, por lo que me pareció muy raro, que el guía, el señor del sombrero de cowboy, fuese con nosotros en todo momento, yo pensé que le habíamos caído muy bien, jeje, pero resulta que el motivo era otro.

Tras ver varios animales con nuestro guía pegadito a las espaldas, ya nos disponíamos a dar la vuelta y buscar la salido, cuando nos llama nuestro amigo el cowboy, para llevarnos a una parcela en la que se encontraban los koalas con los cuidadores, pero que no podían entrar turistas.

A mi me sorprendió pero bueno, como llevaba toda la mañana a nuestro lado, seguramente le caímos tan bien que decidió elegirnos a nosotros para entrar y hacernos unas fotos tocando a los koalas… ingenua de mi!

Había varios trabajadores, y gente con el móvil grabando, nos pusimos alado de un koala en su arbolito, que intentó tocarme la cabeza, jaja, y era un poco travieso la verdad, no se estaba quieto, pero finalmente conseguimos alguna foto bonita, y no por el koala precisamente…sino porque uno de los trabajadores trajo un ramo de flores hecho con ramitas de árboles y flores de allí, mi cara cambió…cuando veo que Abel cogió el ramo, y llevaba colgando un lacito con un anillo…qué vergüenza pasé! Mi cara era como un tomate… y me dio un ataque de risa, como el que me está dando ahora mismo al recordarlo, jaja, pero fue tan tan tan bonito, se me llenaron los ojos de lágrimas, se arrodilló y me pidió que me casara con él, guau!… todo el mundo mirándonos, finalmente se emocionaron y alguna lagrimilla cayó, jeje. Nos regalaron una caja de bombones con una postal felicitándonos, fue un bonito detalle, que ya me explicó paso a paso Abel como lo habían organizado todo sin que yo me diese cuenta! Jum!

Ya era la hora de comer, y nos llevaron a un restaurante, comimos fish and chips, comida típica de Australia, y allí en el postre, me trajeron una tarta en forma de corazón en la que ponía Feliz Compromiso. Otro de los detalles que me habían preparado para que ese día fuese muy muy especial.

21 de octubre de 2017: Lovely wanders, hago otra pequeña intromisión…MENOS MAL QUE NO LLEGAMOS A CASARNOS!!!! AJAJAJAJA No voy a cambiar los hechos de este viaje…ni de ninguno…pero haré estas intromisiones en presente, que ahora mismo me resultan hasta divertidas! Anda…el koala le tenía que haber mordido a alguien que yo me sé…jajaaj

TRES HERMANAS

TRES HERMANAS, MONTAÑAS AZULES

Seguimos nuestra ruta, haciendo varias paradas en miradores con vistas increíbles, hasta que llegamos a un bosque gigantesco, que cruzaríamos de punta a punta a través de un teleférico con suelo de cristal, la verdad que fue impresionante. Una vez en el otro lado, volvimos a cruzar, bajando por el bosque en otro teleférico, pero inclinado, desde donde se podían observar las montañas llamadas Tres Hermanas. Paseamos por el bosque con árboles infinitos, frondosos y muy verdes, con las explicaciones del guía en todo momento, hasta que llegamos a una especie de tren cremallera, que nos volvería a subir a la montaña para coger el autobús y seguir nuestra ruta. El tren tenía una inclinación que no me atrevo a decir cual sería, pero había momentos en los que pensaba que la pequeña brujita saldría disparada, he de reconocer que me agarré con fuerza ya que parecía que estábamos en vertical, y no teníamos ni un cinturón…eso empezó a moverse marcha atrás a toda velocidad entre árboles, montaña arriba, fue muy divertido, solo tengo que ver el vídeo que grababa mientras subíamos.

Seguimos la ruta, y nos llevaron hasta un puerto, donde teníamos un pase para el catamarán que hacía un recorrido por el río Daintree de aproximadamente una hora.

He de decir, que estábamos tan cansados, que si nos hubieran dejado en el hotel, seríamos igual de felices, jeje. Pero bueno, ya era la última etapa de la excursión, y la verdad que fue una ruta bonita, que nos dejaba en el mismo puerto del Ópera House, en Circular Quay.

Esto fue bonito, pero no tanto al darnos cuenta de que teníamos que ir andando hasta el hotel, y con lo cansados que estábamos, nos llevaría unos 40 minutos…y a las 21:00horas estábamos todos en cama durmiendo plácidamente.

 

Australia, 21 días y un bebé, Parte II: 4 días en Melbourne